martes, 14 de julio de 2009

Orquídeas: reinas entre todas las flores exóticas


No existe en el país una sola casa donde no se encuentren orquídeas: colgadas del alero de la casa, adheridas a los árboles del jardín, en macetas, afirma Consuelo Palazón.
“Creo que la afición a esta planta es universal”, define Consuelo Palazón, especialista indudable acerca de estas plantas. “En nuestro país, lastimosamente, recorriendo el mercado de Pettirossi se ven estas plantas arrancadas despiadadamente de los pocos árboles que adornaban nuestras selvas, hoy casi en extinción. Al morir los árboles, mueren sus huéspedes, las epísitas, una de las más bellas orquídeas silvestres”, afirma.
Recomienda valorar nuestros tesoros naturales, y recuerda que antes, al recorrer nuestros bosques, podían admirarse las orquídeas Bailarinas, o Angelitos (Oncidium), “parecidas a bailarinas en una fiesta campestre, con sus vestidos cuajados de todos los tonos del amarillo”. Apunta que la afición a estas plantas es antiquísima. Las primeras referencias escritas sobre ellas se encuentran en la literatura oriental. “Confucio (551 a. C.) en sus poemas cantaba a esta flor. Pues en esa época los filósofos y estadistas chinos la valoraban por su perfume”.
Llamaban a la orquídea Ran. “Confucio decía que Ran da el perfume del rey”, al igual que “entrar a una habitación con amigos es como encontrarse en un lugar lleno de Ran”.
En Japón llamaban a la orquídea la flor de la riqueza y la nobleza.
Los guerreros Samurái y los amos feudales, cuando recorrían sus extensos territorios, llevaban con sigo una flor, pues les ayudaba a mantener la fortuna, los títulos y a salir vencedores del enemigo; la denominaban “Gema viviente”.
Un refrán dice: “Una flor sin fragancia es como una mujer sin virtudes”. Enfatiza Consuelo que en invierno las orquídeas reposan, están madurando sus tejidos, para florecer al comenzar la primavera. Es tan afamada que el emperador Shi-Kopai y su bella esposa de la Dinastía Shin (249 a 207 a. C.) no podían ser padres, “hasta que un día ella se embriagó con el perfume de una orquídea y quedó embarazada. Llegaron a tener 13 valientes y sabios hijos, y por eso llamaron a la orquídea “Trece grandes tesoros”. Además, los guaraníes llamaban a estas flores Tupãypy Jarakatu (Flor divina que está cerca de los dioses).

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