En la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) dos investigadoras aseguran que la floricultura puede contribuir a la generación de empleo y cubrir la demanda de un mercado local. La clave pasa por aprovechar las condiciones ambientales de esa provincia
Si bien la actividad florícola no está difundida en Córdoba, el mercado de las plantas florales ha crecido considerablemente en las últimas décadas. Según un informe que citan las investigadoras Stella Maris Pereyra y Alicia Ávila de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), a nivel mundial "se estima que, en 1999, el mercado de consumo de flores cortadas alcanzó un valor de 27.000 millones de dólares, considerando sólo las tres especies principales: rosas, claveles y crisantemos".
De acuerdo con el estudio, las causas de este crecimiento son, fundamentalmente, el cambio en las pautas de consumo de la población con ingresos medios y altos, que utiliza este producto como elemento decorativo del hogar.
Los mercados de altos ingresos son los principales importadores de este producto: Estados Unidos, Europa y Asia. Los Países Bajos constituyen el mercado concentrador más importante del mundo, y registran el 52 por ciento del total de las importaciones y el 85 por ciento de las exportaciones de flores de la Unión Europea.
La situación en Argentina también refleja una tasa de crecimiento positiva, ya que las ventas mayoristas del sector florícola alcanzaron, en 2001, la cifra de 284,46 millones de pesos y en 2002 se incrementó a 444,21 millones, a pesar de que la devaluación afectó considerablemente la producción.
En el contexto del sector agropecuario nacional, la floricultura se encuentra por encima de actividades como el cultivo de pera, naranja, sorgo, tabaco, mandarina y la producción de lana, entre otros.
Posibilidades en el mercadoA pesar de estas proyecciones, Córdoba no registra un nivel importante de cultivo de flores y el mercado se abastece, principalmente, de la producción de otras provincias como Buenos Aires, que concentra la mayor parte de la actividad a nivel nacional.
Para Pereyra, una de las razones fundamentales de esta situación en Córdoba es la falta de tradición en cultivos bajo cubierta, a diferencia de lo que ocurre en algunas localidades bonaerenses como Escobar y Florencio Varela donde se registraron los principales asentamientos de inmigrantes japoneses, holandeses e italianos que difundieron la actividad.
Asimismo, las docentes comentan que en Mendoza la inserción de la floricultura es más relevante por la tradición de cultivo hortícola que caracteriza a esa provincia andina y que permite alternar con la floricultura.
En cuanto a los productores cordobeses, la mayoría desarrolla pequeños o medianos volúmenes de cultivo y se encuentran diseminados en distintas localidades de la provincia, como La Calera, Río Ceballos, Villa Ascasubi, Colonia Caroya, Arroyito y también en el cinturón verde de Córdoba capital.
"La actividad tiene muchas posibilidades de desarrollarse porque el mercado existe", afirma Pereyra. Por su parte, Ávila sostiene que la comercialización es el punto central para garantizar el éxito de la empresa.
"Como la producción en Córdoba es dispersa, no hay un mercado concentrador donde se vendan las flores. En Buenos Aires, en cambio, como están los productores más grandes del país, está organizada la venta", explica la ingeniera agrónoma.
Enseñanza, producción y comercializaciónLas docentes desarrollan, además del trabajo de investigación, un taller de floricultura anual en el campo-escuela de la Facultad, dirigido a los alumnos que cursan la carrera de Agronomía y que están interesados en el aprendizaje del cultivo de flores.
También dictan un curso extra programático, que en el nuevo plan de estudio se proyecta como una materia optativa, y además se prevé como parte de un módulo dentro de la asignatura Horticultura.
"Hemos incluido en la enseñanza de los alumnos la incursión en el tema de la comercialización, no sólo en la producción", comenta Ávila. En este sentido, los estudiantes realizan distintas pruebas para vender la cosecha del invernadero universitario.
"Se trata de conocer cada uno de los canales de comercialización posibles en Córdoba. Hemos vendido a los mayoristas, a las florerías, a los puestos de la calle, y también hemos realizado venta directa al público en las colaciones de grado. Todo eso forma parte del aprendizaje de la floricultura", expresa la docente y señala que, además, esa experiencia permite autogestionar el proyecto.
En cuanto a la metodología de trabajo, Pereyra destaca: "Partimos de la base de que no se puede enseñar lo que no se conoce. El conocimiento se adquiere en la práctica, por eso el método de enseñanza es trabajar junto a los alumnos". De acuerdo al nivel de formación, los estudiantes participantes realizan distintas actividades como desmalezado, riego, plantación, cosecha, etc.
Los miembros del equipo incorporaron al invernadero instalado en el campo de Agronomía la tecnología necesaria para que los estudiantes se capaciten en el mejor nivel posible. Cuenta con un ordenador que les permite controlar el riego y un dosificador fertilizante que distribuye las dosis de acuerdo a los requerimientos de cada cultivo en las distintas etapas de crecimiento.
Asimismo, está equipado con calefacción e instrumental para el control fotoperiódico, que posibilita el manejo de la luz para la floración de las plantas. "Por ejemplo, el crisantemo florece habitualmente en otoño, pero nosotros, haciendo el control fotoperiódico, podemos hacer que florezca durante todo el año", indica Ávila.